El dispositivo con adolescentes del Centro Terapéutico de Santa Fe propone pensar el juego como un escenario donde es posible ensayar distintas formas de vincularse. Hacer de lo lúdico un territorio de cuidado, un espacio donde ensayar otros modos de estar: habitar rivalidades, tejer complicidades, aprender la espera.
Un tiempo compartido para asumir reglas y elegir estrategias, sin perder la posibilidad de transformarlas. Tomar decisiones, sostener miradas. Celebrar triunfos, tolerar derrotas. Y en cada mano, algo más profundo se pone en movimiento: la confianza que se construye, los vínculos que se reescriben, la oportunidad de algo distinto.


