El trabajo clínico en las presentaciones complejas de salud mental y consumos problemáticos nos exige transitar los espacios comunitarios desde la propuesta de lo vincular. Desde el espacio «Reparación» en el Centro terapéutico de adultos, el armado colectivo de una biblioteca propia despliega una estrategia que va mucho más allá de la tarea material: llevar adelante un proyecto colectivo.
Esto implica inaugurar un tiempo de espera activa, una temporalidad en movimiento donde el cuerpo se pone en juego con su propio lenguaje. Frente al vacío que muchas veces impone el sufrimiento subjetivo el encuentro que convoca un proyecto colectivo constituye un proceso que implica el diseño, pensar el ordenamiento y el como se dará el sostenimiento de estos estantes. Estos movimientos propician andamios afectivos y comunitarios indispensables para el sostén vital. Nadie se cuida ni se salva solo.
Por eso, entendemos que garantizar el acceso a la cultura y la libre expresión no es una acción asistencial, sino un acto ético y político de restitución de derechos humanos fundamentales. Al reunirse con una tarea y un hacer común, cada sujeto se corre del lugar de objeto de su padecimiento y pasa a inscribirse como autor de su propia narrativa.
Esta biblioteca que empieza a habitar la institución es la marca de una experiencia colectiva que mira hacia adelante, transformando la realidad a través del lazo social que nos sostiene.










